Un tal Netanyahu pone en la estrella de David
suástica genocida,
sobre la sangre Palestina,
tan bíblicamente hermanastra,
negrura del destino.
Ejecutores emulando a Caín,
expertos parricidas exterminadores humanos,
celadores de una ciudad sin derechos,
maldiciones del futuro y del pasado.
Pero los criminalizados y negados en sus propias tierras,
levantan aún las piedras de la dignidad,
con los nombres de los desaparecidos.
¿Dónde están los árabes calmando tormentas?
¿Dónde está la paz del mundo?
Hay una triada creyente de invidentes:
deidades forjándose de arena,
entre Yahvé el incorpóreo…
Christus el escarnecido
y Alá el lapidario,
el diezmo al dólar.
Agarenos porfían herencias de zelotes;
clandestina mano violenta llena de sangre;
mano vacía de justicia y redención,
amenaza entre lunas de hombres
y designios de víboras en el yermo
¿A dónde se acuñan los armamentismos
de Hamas y de Hez Bolá?
La ajada potestad de los moros
habrá de colocarse
en ecuménico juicio.


Tu voz también orbita. Dejala girar aquí abajo.