¿En qué espejo de la casa aparece un vocablo
con su mancha de herida, con su impacto
de fallida lectura?
¿Por qué ha dejado el aliento en el tintero
y en la página del escriba que buscaba a un poeta…?
¿Cómo huye de la escritura un vocablo?
¿Por qué se revela ante los grafemas?
¿En dónde el vocablo encontró enfermo al abecedario?
Lame penas, urge caracteres y alcoholes
en el ahogo de la nocturna desesperanza.
Y la blancura de la hoja resplandece ante las letras,
poniéndose enfrente, retándolas y haciéndolas sentir inútiles
como un libro de recetas para el engomado.
Hoy amaneció el vocablo con su cara de signo apocalíptico,
con su gran nariz de paranoia y esperando por un circo
alrededor de su cruda moral.
La anacoreta caravana de las letras con sus piernas anchas y sus pasitos
se ha colocado sobre los puntos cardinales de un escrito de bichos antirrelativos del ahora.
El eremita encienda la última leyenda de un guion imperfecto
sobre la soga en el cuello de la lectura.
El grafema guiña ante un gato que ha dejado su huella
sobre el espacio de la virgen hoja, justo entre el tache y el reverso.


Tu voz también orbita. Dejala girar aquí abajo.