para Pati Peñaloza
Con sus áspides en los ecos y en las olas del mundo,
su voz se entrega plena ante las almas.
Con intensidad y alegría, se dispersa movimiento en espiral
cual musa y tentación, cual vida latiendo.
No hay muchas como ella, por eso hasta su sombra
marca la diferencia. Perfume inolvidable,
amatista susurro de la buena suerte,
vive de acuerdo con el pulso amante con el que se entrega.
No parece de alguien en tanto parece de todos;
pero ella a nadie pertenece, porque, aunque es
sin duda alguna de este mundo, ella es solo
madreselva de la inspiración y de su galaxia.
Una musa serpentina de las luces, los sonidos,
y el amado y perdido ruido de la flora quincalla,
en que la ciudad se desdobla entre sus asistencias
y sus quereres…
Musa apenas capital de estas palabras, y
como lo han dicho sus amantes, la razón mínima
de que el sol no dé de beber, pero sí dé calor.
Musa del todo ígnea: Musa solar…



Tu voz también orbita. Dejala girar aquí abajo.