¿Cómo le explico al obstinado árbol de la vida
que comparto cautiverio con la serpiente?
¿Que mi temblor es la corazonada
que eterniza en el cerebro el vuelo de la mariposa?
La sal trago para reparar mi abatimiento.
Sibarita mi cerebro, escucha el zumbido de la arteria
que persiste en su prontuario imaginado.
El diablo, que está a punto de atraparme,
dudo que me conozca,
es ceniza de otro fuego.
Mi suerte tiene el olor del mar,
es la roca que la tendencia del cangrejo elige.
Imposible huir, soy
la serpiente
la mariposa
la sal
el miedo
Es mi código,
el argumento guardo para que nadie me rodee.
Estoy excluida del rumor y no encuentro enigma en el silencio.
Confieso que toda ciudad me cautiva. Estimula su lengua,
no me sorprende su falta de misterio.
Cada espacio acicala la realidad que salta o se sumerge en un escombro,
en un claro.
Al mismo tiempo que el miedo grita en su guarida.
Que el diablo deje en libertad mi confundido paraíso.



Tu voz también orbita. Dejala girar aquí abajo.