La vida es un malograr el camino
un despistar el sentido en que
los ojos están atentos.
Una mano que agita el aíre,
como un pingajo en una
especie de saludo al olvidado afecto
o una despedida soterrada al
cariño que nunca llegó.
Deshojada, una mujer
a la intemperie recoge piedras,
joyas para lanzarlas al vacío,
para escribir sin aliento alguno
su nombre en la lejanía.
De manera inmediata admira
las moscas en el rosal.
¿Hay algo de etéreo en la flor
en medio de un chiquero?
La luna se ha tornado roja
como un presentimiento entre
sombras.
El beso nunca dado es
una ambrosía en sus labios.
¿quién pudre el corazón
para hacerlo florecer?



Tu voz también orbita. Dejala girar aquí abajo.