Los amantes hicieron con sus sentidos una hoguera
entregando su destino en los quejidos de la escalinata,
en las alfombras,
en las mentiras que en espiral subían por las vértebras
entre dos, tres, cuatro ruidos,
dos, tres, cuatro truenos
como risas.
Gritaban los verbos,
después del acto los escupían cuando la música se vaciaba
en la última hora de lo sublime y el nervio se hacía yerro.
Mandé a la mierda el amor que me encendía;
no divino, no profeta.
Trashojé el libro tan hondo, como la depresión que me alcanza.
Desencajé los labios.

(Reader Crowned with Flowers or the Muse by Virgile.
Jean-Baptiste-Camille Corot, 1845)


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