Duermevela lunar,
ola de frío polar
en las costas del azahar,
dando su soplo frío
contra cualquier desafío.
Ambiente invernal,
que las musas ya se tienen que tapar,
manchas de tinta en la luna,
cerca de una semana dura.
Teclas del piano de la noche violeta, puntitos de velos de hadas zafiro, en esbeltos cisnes y sirenas varadas. Me fijo: refrescantes estímulos, salpicada mi morada de hogueras y calor. Salamanquesas verde turquesa se deslizan por un rincón; ingrávidas medusas cárdenas, transparentes, flotan entre el aroma de una flora de cuento, jazmín, romero…
Fauna singular, sin duda, ¡cómo roncan los dragones y las brujas! Pajarillos trasnochadores me desvelan, dibujando elipses fosfóricas infinitas. Animalitos amarillos de otros mundos despliegan estelas celestes y luego se sientan en la orilla de mi buhardilla como pequeños titíes de color verde oliva.
Duermevela lunar,
maravillas del otro lado del espejo,
inagotable fuente de incienso.
Racimos de gemas de mar,
fragantes cristales de espuma de playa,
infantes duendes de sal,
que aún sueñan con la magia.



Tu voz también orbita. Dejala girar aquí abajo.