Renunciado − Jos López

Si tuviera una meta, sería vivir menos.

Vivir menos preocupado. Pensándolo bien, hay más peso en la espalda del que en realidad existe. Se insiste en cargarlo por mera valentía, y ni al final del día siquiera hay descanso. Llego a creer que el mito de Sisífo es tan común, y lo vivimos como normal, hasta que la piedra que se empuja a la cima finalmente aplasta al que la ataja. ¿Por que no buscar soltarla? Nadie, en sí, está obligado. Solamente se está impuesto ante lo que poco se disfruta.

Vivir menos ostentoso. El esfuerzo para conseguir lo que ves llega a ser impagable, porque tú, al igual que yo, buscas impresionar, o sentirte bien al tener al menos una camisa de seda, o un vestido a la medida, que la gente elitista fácilmente consigue. ¿Que sigue después? Solo el pagar otra vez el lujo innecesario, aparte del alcohol que ya te dañó (y no solo la cartera).

Vivir menos tiempo. Si es verdad que somos un instante en la Tierra, no veo por qué aferrarse. Aun sabiendo que voy a cerrar los ojos, un día no voy a despertar. Tenerlo presente es lo que me levanta cada mañana: el error que se comete al pasar por alto ciertos detalles, como el atardecer al que siempre le tomas foto, aunque la borres después; la charla que alguien sostuvo contigo, y escuchaste atento; las risas que sacaste, o también el consejo que diste, por la experiencia pasada. ¿Por qué vivir menos entonces? Simple, para no desear nada, y dejar (al menos) una huella en todos.


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