Las insólitas huestes
de las nubes
derrotaron
con su sola presencia
a las naderías
que enfermaron mi vida.
Metamorfosis del mencionado ejército
en rebanadas estelares del pan de la vida.
¿Yo las comería?
Un espejo caído
me sentenció:
fuiste sólo una cáscara sensual
finalmente desprendido del árbol vital.
Quise aprender acuarela
y escultura
en las nubes del ocaso.
Tesoro imaginario
para el solitario.
Y la vida, mi vida,
fue mejor.



Tu voz también orbita. Dejala girar aquí abajo.