Sólo me eleva, al despertar,
la lectura de buenos poemas.
Así (me) desacato
al vejete (al bi-ojete)
que soy yo mismo.
Ahora deseo bien escribir.
Me atrevo, ¿encallado, encanallado?,
a cantarte, Musa Joven.
Terrenal, risueña, alada,
el aire que tocas
a todos vivifica.
Más allá de los naturales
(y sobrenaturales)
éxtasis de tu cuerpo;
más allá de tu respetuosa y respetada biografía,
tu voz ubica a mi jornada
en redención, serenidad, esperanza.
Sonríes y ríes, ánima traviesa, niña.
Eres la mejor ilusión:
La que me hace actuar.



Tu voz también orbita. Dejala girar aquí abajo.