Para Saúl Ibargoyen
Perrería que en las venas del conglomerado
de la metrópoli se vuelve una jaula
Perro sin raza, sin dueño, perro altísimo de la soledad,
en el tráfico y sus orillas por el boulevard,
en el amén silencioso del claxon
y del diario recuerdo a la progenitora
de los autómatas choferes al volante
en circulo vicioso del automóvil
Angustia anal en las larvas marciales
que hacen nido en la aflicción trasera
de los agitadores en la arcada rebelde,
mártires de la súbita traición y la reiterada tortura,
a donde la autoridad siempre tiene ojos y garras,
y la humanidad es un sin sentido de parásitos reunidos
para ser sometidos en la vigilia celular
ante los hombres de hierro
y los guardianes perros del deber y de la rabia
Guacamayas uruguayas en el militar zoológico,
y la locura de los cerdos, aporreando a los inocentes,
a los que llenan las consignas en las calles
siendo la voz antisistema,
los mismos que son olvidados en las cloacas
Pero qué perro es autoritario y totalitario,
locura de la podredumbre del poder,
perro come perro y pulgosa cogida,
por eso el sol acomete tu figura de mental cementerio,
deambulando por la cera sin brújula y noción
Tu ladrido no se escucha, solo el gruñido lastimero
de un ánima canina.
—9 de enero del 2025; México Tenochtitlán–



Tu voz también orbita. Dejala girar aquí abajo.