Nunca escribiré en la hoja un soneto,
sin rapaz moneda, nariz o espada,
sin talego, hambre o lucha valorada,
así necesite el campante alfabeto.
Así necesite la paz del inquieto,
que para todo hay luz en la morada,
noche en el aliento de la enamorada,
íntimo ánimo dentro de mí aquieto.
Llenaré el abecedario incierto,
en vuelo alto de la voz del piélago,
así yo quemaré el verso del soneto.



Tu voz también orbita. Dejala girar aquí abajo.