¿Cuántas partes de las perdidas almas
están disponibles desde las tinieblas
desde el más allá?
Alguien recoge desde el túmulo de un camposanto
los pedazos de varios seres para conformar
la compostura de otro ser vivo,
prototipo de la nueva existencia,
proveída por otro ser humano.
Pequeño diosero escondido en la cúpula de la ciencia;
pepenador barato de las partes de los difuntos.
Ya dios te tuvo del apareamiento de los ángeles
y de las mujeres de los hombres monstruos,
pero tú, Víctor, no eres mejor que Dios.
La soberbia da ceguera ante el talento de la cura.
Con cuántos metales conseguirás vida
de un cuerpo conformado de retazos…
Soberbio hilo de un iluso humano,
que se cree un dador de la existencia,
hilando nexos por los pies de un muerto,
las manos de otros y las ánimas en constante lamento
negociadas con el diablo.
Víctor Frankenstein, fantoche imitador de Paracelso,
eres un demonio en una revolución imposible.
Mientras tu madre, por ley natural, muere al dar a luz,
tú te crees el resucitador de los habitantes
de los sepulcros.
La electroquímica no da la vida,
solo despierta salvajes ánimas del inframundo.
Desde los rincones de las tinieblas te busca tu vástago,
quien te cuestiona el significado de su existencia,
o por qué tiene facilidad de tocar la flauta,
o la habilidad de usar una cuchilla para hacer cortes letales.
Te pide una pareja, pero ante tu negativa, él te arrebata a tu esposa.
Luego, en tu obcecación la quieres revivir para ti,
estúpido egoísta que no aceptas a la muerte.
Esas son grandes facturas por cobrar.
Así, una muerte danza una resurrección de muerte
con el otro muerto viviente,
bailoteo de monstruos.
Frankenstein, bárbara creación improbable,
podrido muerto viviente de asesina voluntad.
Cazas en el fin del mundo a tu propio padre
para luego morir en la hoguera purificadora de las ánimas.



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