Invasora inmundicia abarca
terceras partes del terráqueo globo;
pintares purulentos en la tristeza
de nuestros tiempos.
Olvidados campos verdes,
teñidos de grasosos deshechos;
las entrañas de la tierra
vomitan sus residuos…
Las prístinas aguas de mares
lagos y ríos son manchadas o secadas
por la soberbia corporativa
y sus visiones demoledoras.
En el ultraje al mundo
maldita negrura, linfa en que anega
la codicia del oportunista.
En las ciudades, en afección de tanto cascajo,
sedimentos y fruslería:
maldición del paraíso.



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