Voces – Alejandra Graciela

La adrenalina
corre por mis venas.
Trato de encontrar
la salida.
A este bosque
en el cual sola
me he metido.
El miedo entra
al momento de encontrar
lo que por mucho
tiempo
no he dicho.
El pánico
se hace presente
en cada ruido,
en cada rama rota.
Sin saber
hace cuanto
he querido
de dejar de interpretar
mi papel
en el escenario.
Traté de ser correcta,
de decirle
a mis demonios
que podía con todo.
De poner al público
de primero,
perdiendo
el balance
que me muestra
la cruda realidad.
Como cuervos
hambrientos
esperando ver caer
a su próxima
víctima,
los demonios
tratan de
no ser los
únicos caídos.
Por mucho tiempo
el errante viaje
lo pasé
tratando de
encajar,
tratando de
ser aceptada
en lugares
donde no veían
mi valor,
haciendo que no
lo vieran más.
Tratando de callar
las voces
que a medianoche suenan
en mi mente.
Corrompiendo un corazón
que no deja
de latir ante
las adversidades,
trato de escuchar esa única
voz que me ha dado aliento,
que me ha ayudado a respirar.
Aquella por la cual encontraré
la salida.
Trato de identificar
de dónde vendrá.
Empiezo a
ser egoísta
y a ponerme de primero.
Trato de llegar hacia
ella para poder tener
una amiga.
Trato de dejar de escuchar
las inseguridades
que arañan mi mente.
Con cansancio,
me abro paso
para lograr escucharla.
Y con cada movimiento
los medios,
las impotencias,
los demonios,
los momentos azules
se escuchan tan lejos.
El dolor se vuelve
un aliado,
y aunque las otras voces
siguen escuchándose
es menor su frecuencia.
Logro llegar a la puerta
de donde sale
esa dulce,
magnifica,
y pacifica voz.
Me abro paso entre las
ramas que arañan
mi mente,
entre los obstáculos
que no pueden detenerme.
Abro la puerta
hasta que por fin
encuentro mi voz interior.


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