Él tenía ojos de cielo,
Pero no cualquier cielo,
Era el cielo de la tarde,
Un cielo centelleante,
Hermoso y lleno de deseo.
A veces, en la madrugada, sus ojos eran dos hermosos luceros
Que me observaban mientras dormía,
Que desnudaban mi alma y mi cuerpo,
Estrellas fugaces fueron en mi vida.
Eran como los atardeceres de mi Costa bella,
Sobre la dorada arena,
Eran soles brillantes,
Como palmeras sus pobladas cejas.
Sus ojos llovían cuando decía que no podía amarme,
Se convertían en cielos oscuros llenos de niebla,
Le llovían los ojos cuando dudaba de mí.
Al amanecer lucían como un par de arcoíris después de la tormenta.
A veces eran mares azules llenos de misterio,
Yo naufragaba entre su vida,
Encantada entre nuestros momentos,
Ojos azules, como mar; azules, como cielo.
Él deseaba tener ojos verdes,
Verdes como el césped de las montañas,
Verdes como la esmeralda.
A veces eran verdes como la primavera de mi alma.
Pero también sus ojos eran cafés,
Como el café que me quita el sueño,
Como las hojas desprendiéndose en otoño,
Otoño café lleno de recuerdos.
Un día vino el invierno,
Y sus ojos fueron dos trozos de hielo,
Que cortaron de tajo mis ilusiones,
Que congelaron cruelmente mis sentimientos.
Él tenía los ojos de cielo,
Cielo estrellado lleno de destellos,
Encantadores como el atardecer veraniego,
Así eran sus ojos, sus ojos de cielo…



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