En todos mis años estuve buscando un trébol, uno de cuatro hojas, porque supuestamente es el de la suerte. Dicen que, si lo encuentras, que lo conserves, porque traerá la buena suerte, el amor y la salud, entre otras dichas.
Pero no, por más que lo busqué, jamás lo encontré. Debo admitir que estoy tan fascinada porque nunca llegó a mí, ya no lo necesito.
He encontrado otro trébol, uno de cinco hojas: tu mano. Sí, es mi trébol de cinco hojas y lo voy a conservar, porque tan solo con tenerlo he encontrado la buena suerte, la verdadera buena suerte, mi gran amor, la dicha de tenerte. Este trébol lo conservo, he encontrado mi buena suerte.


Tu voz también orbita. Dejala girar aquí abajo.