Ya no remueves ni en ti la fuerza.
Y los nudos agrestes de la memoria
se desenvuelven arduos
desatando sólo lo que de presente
te queda.
Crees que vendrás
pero ya no hay espacio.
No caminas cierto hacia la dureza del hoy
resultas sólo un estadio.
Incierto, transparente
miras absorto la impunidad
del viento
que se cae, se endurece
te traspasa lo cognoscible…
y ves: notas
los copos algodonosos negros
que te restan el futuro.
Pierdes lo poco que de inanidad te queda
y te lanzas raudo a conquistar
tu muerte…
Aliento frío que nace
en tu abierta espalda saldada…
Pudiendo subir, no viene
sino que desata
en ondas eléctricas
chispazos de luz agónica sedienta de libertad.



Tu voz también orbita. Dejala girar aquí abajo.