Cuina hora de la noche
donde las entretelas
suenan sucias en las íntimas
baratijas del afecto.
Entrañas provistas de fíbulas
que sostienen, a base de dolor,
una abismal ilación de seres,
casi románticos, casi podridos,
malolientes en el universo
de sus vísceras y sus tersuras.
El lecho, recipiente de insanas pasiones,
da cabida al sereno entre dos fenómenos
que como astros pierden el rumbo.
Purulento núcleo que atomiza
la detonante expiración
de nuestra historia-rompecabezas,
la de dos solitarios náufragos
en la negrura de sus instintos.
*



Tu voz también orbita. Dejala girar aquí abajo.