No sé si me estoy volviendo loco, pero no creo haber guardado ninguna fotografía tuya, ni ningún recado o mensaje. No hay buzón o correo electrónico que actualice tu presencia. Pero eso es porque prefiero los verdaderos instantes cerca de ti. Como un desierto que crece a cada paso que damos al avanzar juntos cada día… como una magia interior de un meteorito prófugo también en esas arenas.
Sólo nosotros sabemos el valor de nuestros abrazos. Sólo nosotros sabemos de la gran pasión que sentimos con nuestras miradas, cual un nocturno recorrido a nado de una isla a otra. No hay nada que pueda borrar la profunda felicidad de nuestra cercanía.
Por eso no hay fotografías, ni mayor rastro de nada. Todo está al despertar juntos y vislumbrar nuestros ojillos bajo las cobijas de un nuevo día.



Tu voz también orbita. Dejala girar aquí abajo.