Un gran día acabó,
debo descansar;
es cierto,
no dejo de pensar.
Así me estoy perdiendo,
buscando ese detalle
que de mis manos escapó.
No hay brillo, se nota.
Cada error lo hace evidente,
tropiezo a tropiezo,
falla tras falla,
se esfuma el ánimo
y se lleva consigo la virtud.
Te escucho, sin prestar atención.
Estoy fuera, ajeno a esto.
No es que no me importe,
solamente me dejo a la deriva.
Le llaman: distracción.
¿Por qué la acción evasiva,
si no hay por qué temer?
¿Qué me dices del amor?
¿Está donde lo encontraste ayer?
Da igual.
De todos modos
no todo está perdido.
Si estás junto a mí,
puedo creer en algo mejor,
aún a sabiendas
que está frío el amor
en las personas.


Tu voz también orbita. Dejala girar aquí abajo.