Estos mínimos laureles
enmohecidos por desidia,
maltratados por mi envidia,
añorando sus caireles.
Estos mínimos laureles
que quisieron ser poemas
de grandilocuentes temas
y hoy amargan mis pasteles.
¿Por inercia o vocación
me enredé con las palabras?
No pude legar canción
que no mordieran las cabras.
Equivoqué mi pasión.
Quise vender mis palabras.



Tu voz también orbita. Dejala girar aquí abajo.