Aquarium – Eduardo Ramírez Moyano

Píldora lumínica de la mañana henchida de flores de sol. Despierto en el sillón del comedor. Es domingo y siguen los pintores con la renovación. Mandolino ya no les ladra porque sabe que su morada va a quedar mejorada. Es lo que cuentan las hadas de luz turquesa y lila junto al bello acuario. Enciendo incienso de eucalipto mientras voy por un refresco. Mi diario abre un maravilloso mediodía dorado. Con la hipnosis del enorme péndulo del reloj, la noche ha pasado a ser algo ordinario. El incensario que humea manso indica la lira perdida de las sibilas con luengos halos. Con el ordenador estropeado, los videojuegos se han ido al carajo, ahora me entretiene más contemplar a los gráciles pececillos que danzan como bellas bayaderas cárdenas entre las azulinas gemas de piedra y el verdioro claror del musgo. Vida submarina amarilla sobre celeste y magenta cartulina besa las burbujas de cristal puro escarlata entre las algas. Taciturno, el pez araña bucea; veloces de mil colores son los demás… Lucen su negro azabache y sus blancas manchas, sus azules y rojos a rayas, o sus naranjas tiznados de grana; tambien violáceas las aletas y fucsia las escamas o manchas diamantinas y doradas. Uno carmesí, pequeñín, parece que se ríe entre las níveas rocas salpicadas de esmeraldas. Excelsa flora; preciosa fauna. Parece, incluso, que cantaran una melodía vaga, y lejana. Son las nereidas desde las cajas, templando de las diosas el arpa… Suena rock, se rebelan las sibilas. Salgo al balcón de semejante orgía.


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