Al hombre que amé – Nohemi González

Te agradezco por tanto vivido, por tan poco que me diste. Te agradezco por haberme mostrado tu lado más chingón y el lado más cabrón. Agradezco por las veces que limpiaste mis lágrimas cuando algo me dolía, incluso el alma. Agradezco por haber tapado aquellas heridas con tus besos, esas que tenía cuando llegaste, pero agradezco mucho más por haberlas abierto nuevamente cuando te fuiste. Te amé, nunca tuviste duda de eso; te odié, también te quedó claro. Amé cada cicatriz tuya, tu caos, tus tormentas, creyendo que tu también amabas lo mismo de mí. Te llené de amor bonito, ese que creí que ya no podía sentir y te agradezco por haberme abierto los ojos mientras volvías a dejar mi corazón justo como lo encontraste… en pedazos. Tanto siento que debo agradecer, porque sin duda contigo fui la mejor amante y tú el mejor en dejarme. Claro que yo podía sentir tanto como quisiera. No sé si deba sentirme en deuda contigo por enseñarme tanto, lo malo, lo chingón y lo cabrón que es insistir donde ya no encienden los cerillos si están mojados. Neta, chingos de gracias por tanto y nada, por mostrarme que sí puedo sanar, que con tu presencia en mi vida dejé de tener mucho y con tu ausencia comencé a tenerlo todo. 

Gracias, porque aprendí que es verdad que hay quien puede amar a ratos, que alguien puede lastimar sin piedad, que los besos nunca serán suficientes; que el sexo chingón y las caricias no llenaran los vacíos del pasado; que tú y yo solo estuvimos de paso, que entregar a manos llenas todo lo que soy nunca será suficiente en el corazón equivocado, y que las palabras siempre vacías rompen hasta el hilo más delgado del alma… Gracias, porque con tu falta de amor aprendí del amor propio y a sanarme. 


Descubre más desde Letras en órbita

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Tu voz también orbita. Dejala girar aquí abajo.

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *