Cómo algunas palabras nos son tan indiferentes cuando se presentan en nuestras vidas.
Recuerdo cuando me dijeron que estaba enamorado de ti, y yo me sentía más apegado a ser un existencialista.
Enamorado resulta ya una palabra muy lejana para nuestra lengua. Es como si Calixto fuera encantado por Celestina para sentir arrobos por Melibea.
En cambio, existencialista es moderno, significa no aceptar cualquier Dios; no aceptar a cualquier humano.
Ser existencialista es existir, estar a cada instante en el tiempo.
Como Celeste recostada en el vientre de Mersault, mientras toma sol en el mar africano.
Ahora que han perdido su un trascendencia y vanalidad escucho nuevamente la profundidad de esas palabras.
Se llenan de un sentido griego.
Como una saeta disparada por eros.



Tu voz también orbita. Dejala girar aquí abajo.