Revelaciones – Jesús Garrido Gatica

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Era tan etérea, pero tan etérea, que en el insomnio contaba golondrinas en vez de ovejas. Y era tan terrestre que las dibujaba.

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La mujer tejía con un gancho dorado. Como dorado (y silenciosamente adorado) era el estambre de la vida que en esos momentos a todos nos tejía y destejía en ese cotidiano vagón de metro.

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Desde hace mucho tiempo, ¡Oh Dalí!, tu mujer en la ventana se dedica a servir comida en ventas cervantinas. Sí, también espera porque tiene fe en el horizonte, aunque no sea marino, aunque no sea el del viejo continente. ¡Cállate, prematuro viejo incontinente!


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