I
Los hombres pulidos por el hambre.
La noche y su esmalte enamorado.
La sombra de árboles soñados.
La ascética pintura de las nubes.
El humilde reunirse de miradas.
Las palabras-piedras de los puentes.
Todos esos cinceles van labrando
al conejo esperanzado
de mi luna imaginaria.
II
Anieblada, afantasmada,
o brillante cual paradoja,
la luna es flor urbana
que perdona.
Sobre las estructuras de hierro
nuestras miradas cansadas
nada importan para su tiempo nuevo.
III
Rieló en cables de luz,
se esparció en manojos y jardines.
Saludó al humo vendedor,
a las piernas de la mañana,
a los dioses de barro del trabajo.
A ratos era
transparente como juego infantil.
Y transparente su deseo cerril.
Esferas encerrando esferas…
Era su amor acuoso, acuático,
para la sed, enorme,
de la temerosa noche.
…un sapo quiso brincar hasta ella…



Tu voz también orbita. Dejala girar aquí abajo.