Es esta flor que nace sobre mi ventana,
y esta niña que no dejo de ser yo,
porque aún en el amanecer yo sonrío
como aquella que ha reído con su padre
en un verano donde no existía el tiempo
y donde los años pasaban
como al limpiarse el sudor después de correr
Donde la palabra “herida” significaba un raspón
y no un lamento a veces incomprensible
(al menos ahora lloro)
Pero esta niña que sigo siendo
me cuida como una vez lo hizo
con su amigo imaginario.
A veces siento que todavía
él habla conmigo,
pero solo soy yo,
ordenando el pensamiento
en una mente que renace,
que es campo, pero (a veces)
también prisión
El tiempo envejece conmigo,
aunque aún sea joven (como todos dicen).
No dejo de mirar a mi madre que ayer me ha dicho:
“No voy a verte cuando seas anciana”,
y se me entristecieron los ojos
Pero esta niña que me rescata también me ha dicho:
“El mañana es hoy, ¿recuerdas cuando abrazar no tenía fecha?”
La impermanencia ahora es mi amiga…
—El color del amanecer es hermoso—, me digo.
—Lo sé—, respondo y me sonrío


Tu voz también orbita. Dejala girar aquí abajo.