Aquella sombra nos llenaba de esperanzas; de quietud el alma y de calma la vida.
Mirábamos el cielo debajo de aquel árbol. Nos emborrachábamos mientras decíamos chistes malos y reíamos como si nunca fuera a terminar todo aquello.
Bajo un árbol se dicen muchas cosas: se abraza y se besa, y se hacen promesas… Bajo aquel árbol te abracé fuertemente, deseando que fueras eterno. Te conté lo mucho que te amaba y te prometí llevarte hasta aquel cielo azul que asomaba entre sus tupidas ramas.
Aquella tarde, bajo ese árbol, el tiempo se detuvo y el cielo se tornó más hermoso. La tarde dorada se volvió eterna, y te juré que podría vivir debajo de aquel árbol toda la vida, siempre y cuándo fuera contigo, porque debajo aquel árbol, junto a ti, la vida fue más amena…


Tu voz también orbita. Dejala girar aquí abajo.