Empecé en un viernes con las ganas de quedarme,
a dejar los miedos a equivocarme
y a volver a ilusionarme,
para qué negarme…
Empecé a amar las horas de salida,
a preparar dos platos de comida,
a sentir su bella compañía,
y a cambiar a felicidad las noches de agonía
Empecé a amar la semana,
a sonreír con el alma sana,
notando como mi voz cada noche la solicita
y esa emoción de volver a tener una cita
Empecé con los disturbios de extrañarle
tomando papel y lápiz para escribirle
a dibujar su sonrisa tan bella
en lo más alto, y cercano a una estrella
Empecé a ser impaciente cada jueves,
con los miércoles agonizantes,
los martes, lunes y domingos abrumantes,
y los sábados al recordarle con su aroma aún presente
Empecé a amar los viernes
y su dulce voz con ilusión diciendo “¿ya vienes?”
No sé describir cómo me tiene.
Me encanta la manera en que mi corazón en su mano sostiene,
Empecé a guardar memorias,
construyendo una nueva historia.
La ataré del alma para que no tenga escapatoria
Empecé con las taquicardias,
con esos problemas de respiración.
A su lado perder del tiempo la noción,
y a dejar de creer en dioses falsos de cualquier religión
Empecé a amar los viernes,
a disfrutar en su compañía ver una película,
aunque termine durmiéndose la ridícula;
a cuidarla en una película de terror,
y a suspirar junto a ella con una de amor
Empecé a adorar su mirada,
su voz encantada,
esa alma enamorada,
dibujando su silueta con su piel delicada.
Empecé a amar los viernes,
a protegerla cuando duerme,
a vivir su locura,
y dejar por momentos mi cordura.
Empecé a perderme entre sus brazos,
a unir de nuestros fragmentos algunos pedazos,
a quitarle los miedos de sus latidos
y a recuperar sueños que ya dio por perdidos.
Empecé a cobijar sus silencios con sonrisas,
a abrazarla deprisa,
a viajar por el universo sin visa,
pues quiero hacerla de mis sentimientos sumisa.
Empecé a amar cada momento,
a dejar de pensar en el tiempo,
perdiendo la noción,
mientras canta y baila con una canción,
Empecé a extrañar cada madrugada,
a ser parte de una noche estrellada,
a suspirar con el alma encantada,
y a sonreír de manera improvisada.
Empecé a caminar con la mirada al frente,
me impresiona como habita en mi mente,
el cómo tiene el poder de generar una sonrisa
sin tenerla de frente.
Empecé a amar los viernes
y a todo lo que en ese día conlleva…
O será…
que simplemente comencé a enamorarme de ella.


Tu voz también orbita. Dejala girar aquí abajo.