La resignación había llegado.
Y no podía creer que el corazón
que dejó de pensar en el amor
hubiera vuelto a latir por alguien de nuevo.
Había buscado la salida fácil
para no amar de nuevo.
Mil lágrimas cayeron
y decidí no sentir más,
hasta que me enamoraste,
sin haber dicho alguna palabra.
Jamás pensé que el miedo que sentía
a volver a vivir en la tormenta
pudiera acabarse
y que mi pecho volviera a sentirse cálido
como ahora lo hace a tu lado.
Debo estar loca por querer que esto funcione,
pero es mi corazón, que era de piedra,
quien se ha convencido de que eres
un paraíso hecho maravilla
volviéndote la persona
que quiero ahora.


Tu voz también orbita. Dejala girar aquí abajo.