Un animal de lazo,
una mano de obsidiana pulida.
Hice preposiciones indecorosas
(con mi pluma de gallina apopléjica)
a la lluvia resplandeciente
de mi adolescencia.
A veces obtuve el puntaje más alto
en el suicidio colectivo.
Poe-trastos, esperábamos todos
a la víctima perfecta,
pero la luna, péndulo afilado,
diseccionó su cuerpo.
Todos, todos
con máscaras y banderas ahumadas,
con certezas muy oscuras.
Todos, ardiendo los tuétanos
de las hogueras tribales.
Todos pidiendo un ídolo,
artífice de perennes, adictivas mentiras.
Un animal de lazo,
una mano de obsidiana pulida.
De toda esa ciudad
rememoro un silencio marino,
y el espejo liso del paisaje.
Que así sea, Cuervos, que así sea,
para que nuestros hijos,
pétreamente endurecidos,
en noches de indulto
puedan observar al cielo,
y ya no juzguen cruelmente
el azar del universo.
Un animal de lazo, una mano
de obsidiana pulida.



Tu voz también orbita. Dejala girar aquí abajo.