Mitología de la lluvia – Susana Argueta

I

Nada hay, solamente el viento.

Y la lluvia que se escurre entre las montañas.

Es solo uno el que llega.

Y cuenta la historia.

II

Las noches son silencio. Y oscuridad.

La voz del viento susurra. A veces grita.

Las piedras se vuelven dioses.

El que llegó las acaricia y les habla.

Las nombra.

Incita al Universo.

III

Hombre y mujer copulan.

Él viene de otra parte.

Ella ha llegado.

Son germen de vida, son piel y son esencia libre.

Fundan.

IV

Cien años han pasado.

La tierra es fértil; el vientre de ella también.

Setenta casas sembradas en la montaña.

Son manos y ojos.

Cabezas y vidas.

Los surcos en fila, uno tras otro, semillas profundas;

con la lluvia vendrá el alimento.

 V

Montañas espinazo de la tierra.

Verde de monte, tierra de ocre.

Nubes de agua blanca.

Sombras tumbadas, lánguidas y dormidas.

Nubes Dios que tocan laderas.

Sombras volandas en cimas grandiosas.

Nubes recostadas en azul.

Sombras de largo aliento.

VI

Un lecho de agua seca.

Los granos de tierra se disuelven entre los dedos.

Las piedras nos hablan.

Allá, en la sima, tío Pifanio se ha visto.

El caracol suena.

La llama se enciende. Fulgura. Carcome. Dispensa.

Es agua ardiente cayendo del cielo.

Tío Pifanio descansa.

VII

La culebra retumba su líquido cascabel.

Entre la neblina se oyen voces.

Son los tíos que nunca se han ido.

Murieron y viven.

Son setenta casas.

Escarabajos muertos en el atrio de la iglesia.

Es el silencio de los niños que no nacieron.

Un hilo de agua baja por las calles.

Mañana será un río.

Los tíos son espíritus vivos.

Susurran.

Se ríen.

VIII

La última casa está cerrada y vacía.

Late.

Tiene una cama y un espejo.

Un niño de ojos grandes me mira.

Es el pasado de sol.

Cantera rosa y pajiza.

En la casa no había puerta.

La vi en sueños.

Y solo despierta salí.

IX

Sí, vino la culebra.

La vi en el firmamento.

Vino, pero no era buena.

Se llenó de soberbia.

Tiene los ojos manchados.

Y la traición a cuestas.

Vino la culebra.

Más vale que no hubiera llovido.


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