A Oxana – Eduardo Ramírez Moyano

No podías ser más que ucraniana, bella Oxana,

a quien este poeta sus versos declama,

café con leche en la tarde temprana,

que a la luz de su sonrisa mi alma engalana.

¡Oh, dulce de miel, qué mirada!

Ya siento el vaivén, cuando me acercas tu cara…

Eres el rostro de la dulzura hecho poesía pura,

esa brisa verpertina que cantan los pajarillos en el fulgor de la tarde,

mi niña, por ti mi corazón late, y arde,

pues curas con tu rima la desazón,

divina y Venus escultura.

¡Ay, niña de mis ojos, antojo de mis pupilas!

Quiera el Cielo darme anteojos con los que contemplar

toda la noche tus poses y medidas.

Que eres perfecta, ya lo sé,

flor de delicada esencia.

Envuelve de paciencia todo mi ser,

para que los delfines del mar,

cual arcángeles floridos,

enarbolen tu presencia una vez más.

Sana mi mente delirante, Oxana,

tú que destacas entre los más bellos cisnes del estanque,

¡oh, mi hada!, ¡mi niña plateada!

Acaso vestal de mi anhelado Parnaso.

Reina del Otoño que mece galaxias y cometas,

eres estela fucsia y añil cuando me miras,

en la mitad de la tarde,

tejiendo ingrávidas millones de auroras boreales.

Mi pluma vuela sola cuando te veo, Oxana,

predilección del corazón que se desgrana.

Imán de este loco vate cuando ama.


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