Alguna vez me preguntaste, retándome un tanto con la preciosa mirada de tus ojos café, qué pasaría si ya no estuviéramos juntos.
Miles de cosas pasaron entonces por mi febril imaginación: pensé en Platón y su retórica; vislumbré a Ulises peleando contra gigantes; escuché a Juan Luis Guerra regalando una rosa que encontró en el camino, pero, al final, mi fe en ser hombre y afrontar lo que corresponda, me hizo conservar la calma y te respondí:
—Cariño, cuando estoy contigo un instante equivale a mil años.
Entonces te sonrojaste y nos besamos. Después seguimos nuestro camino felices entre los pirules.



Tu voz también orbita. Dejala girar aquí abajo.