Cada palabra
es la última llamada.
Duelen los dientes
al masticar vestigios
del propio tiempo.
Se aflojan los rigores.
Los huesos reposan
sin verdadera calma.
Viento prisionero
en los pies
de la inmovilidad.
Duelen los dientes
al masticar vestigios
del día y de la noche,
de la lluvia y del roce.
Cada palabra
es la última llamada.



Tu voz también orbita. Dejala girar aquí abajo.