La vida en una sonrisa X − Mario Guzmán

Cierta noche que iba saliendo de un concierto de Ricardo Arjona, ya en el trasporte encontré a unos tipos que mantenía una conversación aparentemente anodina sobre sus diferentes problemas familiares, ello mientras se untaban gel antibacterial perfumado. Mirándome de manera comedida, el padre dijo entonces que hasta ese gel parecía oler a vodka y que deseaba llegar ya a su casa para beberse otro trago. Comentó que los cocteles que habían bebido en el establecimiento que recién dejaban, le habían parecido muy buenos y quiso rememorar una anécdota que algún amigo le había platicado sobre el significado de tal bebida. Su plática oscilaba entre divagaciones sobre la a edad de los hijos, el recuerdo de lo bebido, pasando por la edad en que los jóvenes deben ya marcharse de casa. Los hijos, «en su defensa», tímidamente argüían «sí apá; ahorita que lleguemos ya te vamos a buscar algo bueno para que sigas la fiesta…» Ya inmiscuido en la conversación confirmé que, en efecto, por ahí todo parecía oler a vodka, y agregué que recordaba que era una bebida muy fuerte y que estaba hecha de un grano, y el señor respondió que sí, en efecto, que era de centeno, pero que quizá también podría ser de arroz o incluso maíz… Yo le comenté que a los rusos les gustaban mucho los diminutivos, y que por ejemplo la palabra matrioshka quiere decir «madrecita», y que tal vez vodka remitía a algo pequeño. Entonces él vaciló y me dijo: «¿cómo cree que un gran vodka como el que me acabo de tomar va a significar algo pequeño?»

Y así nos fuimos sonriendo un tramo del camino, pero el señor ya no quiso o ya no pudo nunca rematar su anécdota.


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