Abrí mi corazón dejándote salir, puesto que lo ennegrecías.
Flagelo a la envidia, ella nunca es amiga, ni cuando va de buenas.
Teme a las palabras suaves que acunan la rencilla, mece entre tus brazos la enardecida venganza.
Guarda el beneplácito momento del perdón y reúne a la gente que te hizo mal en una vendetta sin límites.
Cerré las puertas, ya solo albergué principios, honor.
Perfumé con esencias aquello que de mí, escuché, cerrando los ojos a lo peor.
Hoy en la morada de mi espíritu vive el amor, la humildad, la solidaridad, siempre con los demás y hasta conmigo misma.


Tu voz también orbita. Dejala girar aquí abajo.