No sabes cuántos días me había llenado de cosas inútiles.
Trataba de concentrarme en mi alma,
como un viajero en un submarino;
llegar a lo más secreto de cantar canciones;
descubrir una palabra que me iluminara el día.
Escribir de trigales, de otros poemas plasmados en servilletas
o de trinos de cardenales,
para tener las melodías más lindas y que te gustaran.
Pensaba en aprovechar los días,
pero era inútil:
todos mis esfuerzos los vencías con tu presencia.
Por más que trataba de esconderme
en los lugares más recónditos de mi ciudad,
nos reencontrábamos…
Tu bella adolescencia,
tu chamarra de gamuza y tus zapatos feos
le daban un motivo a mi vida,
pero yo era caprichoso,
y trataba de minimizar tu bella sonrisa,
tu voz profunda y tu inquietante camino a casa.
Así fue que rompí mis comprometidas canciones.
Ahora sé que cuando te abrazo,
que cuando te tomo de la cintura,
que cuando mis manos rozan tus brazos,
para decirte cuánto te quiero,
encuentro que mi canción eres tú.
Como ahora, que otra vez estamos juntos,
y ya no escaparás como por arte de magia,
y eres mi razón de ser.
*



Tu voz también orbita. Dejala girar aquí abajo.