Carta a mi niña VIII -Eduardo Ramírez Moyano-

Te veo alegremente descalza danzar sobre un campo de lavandas… Y vuelas, y corres, y saltas… No tocan el suelo tus plantas.

¡Ay, mi niña animada! ¡Qué placer vencer a la Nada, mi princesa de piel aterciopelada!

Me vuelvo bobo sintiendo que, a tu lado, dejo de ser lobo, para pasar a ser Emperador del Amor, nunca solo. Pues eres el verso perfecto que hace funcionar mi viejo corazón.

¡Ay, mi niña del alma! Que siempre me traes la Paz y la calma, chispas color turquesa son las estrellas que nos aguardan, verdes tules de entusiasmo mágico los destellos me desvelan cuando me cantas, son ríos de lava los cabellos dorados con los que hechizas mis miradas, si hasta he cruzado siete agujeros de gusano por fusionar nuestra causa, ¡mi niña del alma!

Y ahora te veo grácil volar cual paloma blanca.

¡Y saltar y correr sobre un campo de lavandas!

Sin tocar el suelo tus plantas.

Que si lo hicieran, de la mundana podredumbre te mancharas.

Y yo te quiero bendita, como las nubes de la mañana, límpida, vívida e inmaculada.

Porque de este bello bosque acaba de despertarse la primera hada.


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