Me viene bien beberme una copa de ti a las tres de la mañana.
No hay nada que hacer más que admirarte mientras estás alargada en la cama.
Tu silueta tan plácida y serena vuelve prisionero mi desvelo, prende las llamas.
Desvelo doloroso y solitario, espinoso y sin preámbulo.
Desvelo de ti, de mi, de los dos.
Desvelo de esta locura de locos que se hace llamar amor.


Tu voz también orbita. Dejala girar aquí abajo.