Ángel rubio de cuerpo impactante, ya no sé cuántos soles tengo delante; tigresa de la Vida, presencia de una diosa griega que los cielos adornan de cariño sin medida, ¡ oh, Lidia!, mañana de alegría, rosas y sonrisas, brillosa y magna fuente de Arcoíris surtidores, donde cisnes cientos de blancura agradecen infinitos tus dones, entre las palabras sentidas desde el ser que agranda los corazones, y el movimiento mágico de la grácil paloma que su cuerpo destellante adora, ¡oh, Lidia, desde que te vi, mi alma brilla!
Ángel rubio de franca efigie, no puedes ser de este Mundo, quizá yo delire. Acaso no seas más que la fantasía de algún hechicero, un sueño en duermevela tal vez, mediodía de proceder sincero en el que pude ver a Venus en los cielos y a Afrodita en el café.
¡ Oh, Lidia, Flor de las delicias, dulce como la miel, maravilla mariposa donde reposa el Bien, nutres con tu néctar divino los destinos y eres, más que flor de loto, un auténtico vergel!


Tu voz también orbita. Dejala girar aquí abajo.