Se apagó
Ya, no era ella.
Cada noche
su tristeza mutaba.
Tal vez los recuerdos
eran nudos
de otra atmósfera.
El espejo al mirarla
detrás reflejaba
garabatos de plomo helado.
Ahí estaba, sin fe,
sin nada…
Sentada, entre
colores antiguos
de una vida
que nunca fue dueña.
Remedios G. Tenza


Tu voz también orbita. Dejala girar aquí abajo.