Silencio.
Ellos reposan.
Se han diseminado
en la fina arena gris,
del mar que los abrazó.
Antes, sedientos,
Se bebieron el cuerpo
-y el alma-,
y rozaron con los dedos
la noche de nube y tormenta
que cobijó su encuentro.
Ahora,
Se vuelven
agua salada
de hombre,
de mujer
y de mar.


Tu voz también orbita. Dejala girar aquí abajo.