Una mañana, una tarde, una vida,
en el Mont Ventoux los dioses, al igual que los ebrios, se saben inmortales.
Insomnes sin sombra, gregarios desterrados de mil paraísos,
fluyen imbéciles entre la muerte.
Pasean sus miserias y deleitan al insomne.
Una mañana, una tarde, una vida,
en el Mont Ventoux los dioses, al igual que los ebrios, se saben inmortales.
Insomnes sin sombra, gregarios desterrados de mil paraísos,
fluyen imbéciles entre la muerte.
Pasean sus miserias y deleitan al insomne.
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