Nos movemos entre rocas y entre nubes: navegamos redundantes circulando siempre hacia nuestra propia esencia revertida en cielo y vapores hidrópicos.
Nitrogenizados ozonizados. Somos casi la esfera o tres cuartas partes de ella.
A nosotros vienen las voces de todos los hombres y nos deslavan -después del atardecer- el silencio y la lluvia de paz.
Un huracán furtivo se allega a estremecernos de vez en cuando.
Después de la resaca sólo quedan: el verde mohoso del arrecife los fósiles cuadrados del tiempo y la plasticidad de nuestras estrías…
Placas violentas perviven cuando la historia ha pasado.
Paleozoicos somos: amarillos nuestros fondos dejan ver corales y estrellas y uno que otro hipocampo que presuroso pretende surcar las galaxias del vacío.
(Pegaso inarmonioso, precisa riendas que amorosas lo sujeten.)
Acá, un cangrejo ermitaño tenacillas finas de mar de Oriente nos recuerda que en la aurora habrá que caminar con fineza: vencedores.
Se nos vuelve a llenar de agua el universo… gota a gota viene amaneciendo.
Un caracol de río nos da fe cierta de otro origen.
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Me encanta. No sé lo que has querido decir, pero para mí es como un viaje el yo, al interior de uno mismo y de lo que nos acontece. Como no he leído mucha poesía la interpreto a mi manera, aun sin entenderla siempre me aporta belleza y reflexión. Buen día.
Azurea20, captaste lo esencial; ciertamente es un texto de comunión. en principio con uno mismo, y con el origen (algún origen que ha de sernos común como seres vivos –o no tanto; digamos al menos materia– de este planeta) y con el transcurrir esencial de nuestra(s) existencia(s), más allá de los aplastantes, pero también intrascendentes ecos de la historia universal o cualquier historia. Gracias por comentar.
Tu voz también orbita. Dejala girar aquí abajo.