Será tu nombre el que no recuerde,
sembrado en el fértil llano,
a la orilla del mar.
Será tu rostro afable
el que se pierda entre la bruma,
entre mis silencios
y tu ausencia.
Nada es como ayer,
se ha roto el sortilegio,
el camino queda franco
y el horizonte azul,
como en el vaticinio del tiempo:
una vuelta más,
un episodio concluido.


Tu voz también orbita. Dejala girar aquí abajo.